Las tres cartas

Texto prestado

Un asesor político le dio un día a un presidente de gobiernos tres cartas que él debería abrir sucesivamente si las cosas le iban mal.

Así sucedió con lo que el mandatario se enfrentó a la primera misiva. El mensaje era escueto, pero rotundo.

Decía: «Échale las culpas a tu predecesor».

Aquello surtió efecto durante algún tiempo, pero no fue suficiente para resolver los problemas, por lo que nuestro gobernante tuvo que abrir la segunda carta.

 Esta rezaba: «Échale la culpa a la crisis general»; di que es tan intensa que a pesar de las acertadas medidas que tomas para enfrentarla, las soluciones aún tardarán en llegar. Así lo hizo con fortuna desigual porqué el argumento convenció a los convencidos y no satisfizo a los detractores que criticaron su reacción tardía y el desacierto de sus decisiones. El Presidente no tuvo más remedio, entonces, que abrir la tercera carta que, lacónica, sentenciaba: «Vete escribiendo las tres cartas»